viernes, 18 de julio de 2014

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Los grabados rupestres de Tigalate Hondo (Mazo. La Palma) (II)

Tres elementos arqueológicos es preciso analizar para lograr una defínición de este yacimiento: a) Cuevas; b) Caboco, y c) Petroglifos.

a) Cuevas.—El Barranco Hondo —denominación del tramo de barranco que cruza por Tigalate Hondo— no es muy abundante en cuevas. En las cercanías puede verse una interesante cueva de habitación, conocida con el nombre de Cueva Marcela. Es decir, lleva el nombre de la que fue su propietaria, como ocurre con Cueva de Lucía, el verdadero caboco que estudiaremos más adelante. La Cueva Marcela (Fig. 1) tiene una protección natural en su boca, y en su interior muestra oquedades o cubículos bien resguardados para ser utilizados como refugio nocturno. Esta cueva ha servido hasta hoy para depósito y almacén y también para redil. Las tierras o huertas que la circundan están todas trabajadas, y en el grabado se puede observar la presencia de un almendro que crece frente a la cueva y una pared, límite de una heredad.


Fig. 1. - Cueva de habitacion en Tigalate Hondo.

Testimonios arqueológicos, muy escasos: alguna concha de molusco triturada, astillas de huesos animales y fragmentos muy pequeños y rodados de cerámica negra, con profundas incisiones. Eso es todo cuanto queda de lo que debió de haber sido una importante cueva de habitación. Interiormente no hay estrato, por haber sufrido limpieza y barrido para la extracción de los abonos en ella acumulados.

En las proximidades de Cueva Marcela existe un «búcano» túnel natural volcánico— en el interior del cual se hallaron hace algunos años varias vasijas de cerámica. Vale consignar el hecho, pues si bien estos tubos volcánicos no se prestaban para habitación, se utilizaban con mucha frecuencia por los aborígenes para ocultar el ajuar. En algún caso sirvieron también como cueva funeraria, pero son raros los hallazgos de restos humanos en «búcanos» —como se dice en La Palma— o «busios» —como se dice en Tenerife—. En esta última isla hemos hallado ajuar —sobre todo cerámica— en un «busio» del Llano de la Santidad, en Las Cañadas del Teide, y en La Palma, cerámica entera ha sido encontrada en «búcanos» del barranco de Iscagua, entre Puntagorda y Garafía.

Nuestra limitada prospección de la zona de Tigalate Hondo no nos permitió conocer la existencia de más cuevas. Puede ser que existan algunas con más convincente testimonio arqueológico, y es de desear que ocurra así, para el más correcto encuadre de tan interesante zona.

De momento, el interés se centró en el descubrimiento de una estación de petroglifos, cuya noticia, confusa y llena de contradicciones, recogimos de los obreros que trabajaban en las excavaciones que durante el verano de 1958 estábamos efectuando en el caboco de Belmaco.

b) Caboco.—Elemento típico en toda estación de grabados rupestres es el «caboco». En nuestro citado trabajo sobre Belmaco decíamos que, a la vista de varios yacimientos con grabados, podía afirmarse que estos pueden darse sin necesidad de que existan cuevas, mas es improbable que se den en lugares que no sea propiamente un caboco.

Un caboco, como ya se dijo, es un brusco desnivel o salto de un barranco. Generalmente este desnivel se debe a la acumulación de rocas basálticas dispuestas en forma de prismas verticales. La cueva del caboco es entonces una oquedad formada en el interior de una masa de conglomerado volcánico flanqueada y sostenida por las estructuras basálticas. Puede ser que en la formación del vacío u oquedad hayan contribuido no sólo fenómenos eruptivos, sino el lento caer de las piedras casi sueltas que forman el conglomerado.

El caboco de Tigalate Hondo cuenta con los elementos que definen todo yacimiento de grabados rupestres y, por lo tanto, con la cueva. Sin embargo, estas cuevas, aun con su buena ventilación, despejada boca, amplitud y protección, no son por lo general cuevas aptas para habitación: el hallarse en el mismo cauce de un barranco, precisamente en el punto donde las avenidas invernales se precipitan con violencia, dado el desnivel del terreno, hace que las aguas, aun sin penetrar en la cueva del caboco, hagan de éste un lugar húmedo. En invierno, creemos que hay que suponer que el caboco no era frecuentado. Por otro lado, la inseguridad del techo, donde los prismas basálticos están incrustados, no aconseja elegir como habitación tal lugar. La cueva a que nos estamos refiriendo es un buen ejemplo para confirmar lo que venimos diciendo: húmeda y fresca en el mes de agosto mes en que la visitamos— y cubierta en gran parte de rocas desprendidas del techo.

Ello nos ha hecho considerar las cuevas de los cabocos con petroglifos como lugares de reunión o concentración, pero no como sitios permanentemente ocupados. Aparte de lo ya adelantado en nuestro trabajo sobre Belmaco, creemos se debe insistir en que una razón de orden religioso determinaría las reuniones y daria origen a los grabados, como podremos demostrar con abundante testimonio en el trabajo que preparamos sobre las primeras excavaciones verificadas en Belmaco, recientemente realizadas.

La cueva de Tigalate Hondo es una gran oquedad orientada al sur. El contorno de la boca es un arco irregular, más bajo en el extremo oeste, donde se une con el primitivo fondo del barranco. Hay unos 8 m. desde el actual nivel de la entrada, por su parte exterior, hasta el techo (Fig. 3-I, A-B). El caboco tiene su acceso por el lado este, como puede verse en el camino, con borde de piedras que aparece a la derecha de la Fig. 2. Este camino es el que debió de existir antiguamente, ya que corresponde al costado del caboco a cubierto de los torrentes invernales, que por aquel paraje, dado el gran desnivel del mismo, tendrían gran violencia. (Véase en la misma figura la acción de estas avenidas en la parte izquierda del caboco).


Fig. 3-I. - Frente de la cueva del cabobo de Tigalate Hondo.
Fig. 2. - Caboco y cueva en Tigalate Hondo. En primer término, el actual emplazamiento de la roca grabada.

Volviendo a la cueva de este caboco, cuyo esquema se da en la Fig. 3 (frente, planta y corte), diremos que se trata de una cavidad de unos 30 m. de ancho cerca de la boca y de 40 m. de profundidad. Puede verse en el esquema cómo los desprendimientos del techo han llenado de bloques basálticos no sólo la parte correspondiente a la boca, sino un gran espacio del interior, sobre todo en su zona central, donde hay amontonamientos de grandes bloques de una altura que oscila entre los 2 y 4 m. Presenta la cueva, en su parte más profunda, dos angostas galerías abiertas naturalmente en el conglomerado, una situada en un plano superior a la otra.


Fig. 3-I. - Frente de la cueva del cabobo de Tigalate Hondo.
Fig. 3-II. - Perfil de la cueva del caboco de Tigalate Hondo.
Fig. 3-III. - Planta de la cueva del caboco de Tigalate Hondo.

Sólo un tercio de la cueva está iluminado por luz natural: el resto aparece sumido en una penumbra que se acentúa a medida que se penetra en la oquedad, hasta la total oscuridad del fondo. La parte más iluminada corresponde precisamente a aquella por donde penetra el camino (Fig. 3-I; Fig. 2). Aquí comenzaría la zona de los grabados, que cubrirían las rocas emplazadas hasta el centro de la boca (Fig. 3-I, D y B).

Como datos recogidos acerca de esta cueva —el folklore canario es muy pobre respecto a yacimientos arqueológicos— sabemos que durante el verano los vecinos acostumbran, en los días de levante, refugiarse en ella para gozar del frescor y humedad del paraje. Las mujeres suelen llevar la labor y los niños juegan, aprovechando los escondites que ofrecen las rocas caídas y, sobre todo, las dos galerías del fondo. Lo mismo se hace en Cueva Marcela. Vale consignar este dato: son cuevas solamente frecuentadas durante el verano para librarse del calor al mismo tiempo que se reúnen los vecinos del caserío inmediato.

c) Petroglifos.—Hemos marcado con una cruz un punto de la Fig. 2 donde se hallaron emplazados algunos bloques con grabados. Pero conviene consignar, antes de seguir, que lo que hemos descubierto en Tigalate Hondo vienen a ser los restos o ruinas de una acaso importante estación de petroglifos. Posiblemente las estructuras basálticas ocuparon una linea paralela al camino de acceso y, como ya se dijo, se extenderían hasta el centro de la boca (punto B de la Fig. 3-I y X de la Fig. 2). Unos bloques, los cercanos al camino, estarían al nivel de la entrada, y los otros desde este nivel hasta un plano más bajo, correspondiente al actual fondo del barranco. La naturaleza del paraje parece confirmar esta suposición. Por otro lado, el testimonio de un vecino la corrobora, ya que señala en X el punto donde se encontraba el bloque grabado.

Corrientes de gran violencia irían socavando las estructuras basálticas apoyadas en el fondo del cauce, que serían arrastradas después por la riada. Esta acción secular de las aguas fue destruyendo poco a poco la estación, hasta el punto de que los vecinos de Tigalate Hondo sólo recuerdan haber visto en su emplazamiento originario un solo bloque, que es el que aún existe. Este es el que hemos descubierto, pero alejado de su anterior emplazamiento unos 90 m. Fue arrancado de cuajo y llevado cauce abajo por la última violenta riada de enero de 1957. En la Fig. 2 y en primer término, centro, aparece el bloque, de cuyo tamaño puede dar idea la figura del obrero de pie. La estatura del obrero es de 1,75 m.

Es una roca extraordinariamente erosionada por la acción mecánica de los materiales de arrastre cayendo sobre ella y por el volteo posterior sobre el cauce rocoso. Ha quedado, como se advierte en la fotografía, en el mismo centro del cauce, expuesta, por lo tanto, a la acción de los torrentes invernales.

Afortunadamente los grabados han quedado al aire, en la cara superior del bloque, justamente a la altura de los hombros de la figura que aparece de pie. Seguramente numerosos temas grabados cubrirían la piedra, pero la exfoliación de ésta los haría desaparecer. Sólo restan dos temas: uno de pequeño tamaño, formado por círculos concéntricos, y otro mayor, constituido por una espiral. Ambos han sufrido también los efectos de la erosión.

El conjunto de estos dos temas puede verse en la Fig. 4. El tema espiraliforme, compuesto por cinco espiras, tiene un eje mayor de 42 cm. y otro menor de 39 cm. El otro tema está formado por tres circunferencias concéntricas, con un diámetro máximo de 20 cm. La longitud de estos grabados, comprendidos los 9 cm. que separan a uno de otro, es de 71 cm.


Fig. 4. - Grabados de Tigalate Hondo.

La técnica es la del picado bastante profundo, como puede advertirse en las Figs. 4 y 5. El surco tiene de 2 a 3 cm. de anchura: presenta una sección en V en los mejor conservados, y en U en los más gastados o de picado menos profundo.


Fig. 5. - La espiral picada sobre la superficie del basalto.

No es abundante el tema de círculos concéntricos en los petroglifos palmeros. Posiblemente algunos de los tomados hasta ahora como espirales, a causa del desgaste de la roca, fueran círculos. Por ello interesa, pues, señalar muy destacadamente la presencia de este tema en la isla de La Palma. En Belmaco un gran tema en espiral pudiera muy bien ser de círculos, ya que no es posible seguir con seguridad las curvas de las espiras.

El tema espiraliforme es idéntico a otros tantos descubiertos en estaciones de dicha isla, que parece detentar la exclusiva en Canarias de tan interesantes y seguros testimonios culturales. Sin embargo, de círculos concéntricos puede casi señalarse la existencia de uno en El Julan (isla de El Hierro) y con toda seguridad en Zonzamas (isla de Lanzarote).

De todo lo dicho se deduce que siguen siendo los cabocos los lugares elegidos para grabar las rocas. Y no insistimos en otras circunstancias repetidamente presentes en los yacimientos con grabados por no repetir lo ya dicho en otro lugar.

Tigalate Hondo viene a confirmar lo ya apuntado por nosotros no sólo en lo que se refiere al caboco en si, sino en señalar como lugar preferido para grabar las rocas los lugares próximos al camino de acceso a la cueva. Además, se repiten las técnicas y los temas, lo que asegura un perfil cultural muy claro y persistente.

La cronología está ya dada, y estos petroglifos han sido vistos como elementos que aseguran la relación de diversas comarcas atlánticas durante la Edad de Bronce. Consideramos que esta cronología puede ser discutida en cuanto se refiere a Canarias. Téngase en cuenta que en los conjuntos ergológicos de la isla de La Palma faltan muchos elementos necesarios para admitir sin discusión relaciones y contactos megalíticos.

Quede, pues, registrada la estación de grabados de Tigalate Hondo, sin más preocupación, de momento, que la de sumarla a las ya conocidas en tan interesante isla.

La insistencia en ciertas y determinadas circunstancias naturales y el análisis del lugar con preocupación etnológica obedece a que la etnología debe presidir en todo momento cualquier estudio sobre prehistoria insular. Consideramos que el hombre sigue siendo el sujeto que primero debe atraer la atención: después habrá tiempo de detenerse a placer sobre sus obras.



LUÍS DIEGO CUSCOY

jueves, 17 de julio de 2014

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Los grabados rupestres de Tigalate Hondo (Mazo. La Palma) (I)

Hemos estudiado en otra ocasión (*) los grabados de Belmaco. Allí quedaron cuántas sugerencias se pudieron hacer sobre etnología aborigen —tomando como arranque la naturaleza de la estación—, se apuntaron cuestiones de cronología y de supuestas relaciones culturales, al mismo tiempo que se hacía un análisis de los temas y técnicas patentes en dicha estación. No vamos, pues, a insistir ahora en puntos ya tocados entonces, pero si creemos necesario recordar que lo que en aquella ocasión se señalaba por vez primera —cota aproximada del emplazamiento de los yacimientos, existencia de fuentes, tipo de vegetación, etc.— son constantes naturales que definen al caboco con grabados, como se verá a medida que avancemos en la descripción de esta estación de Tigalate Hondo.

(*) LUIS DIEGO CUSCOY: Nuevas consideraciones en torno a los petroglifos del caboco de Belmaco, REVISTA DE HISTORIA, núms. 109-112, 1955.

El mayor número de yacimientos con grabados se halla en el NO de La Palma, término de Garafía. Es la región más conocida por los arqueólogos, aunque de ella se hayan hecho escasas publicaciones. Se trata de ampliar el conocimiento del área para poder estudiarla en un trabajo de conjunto, en vez de hacerlo en trabajos desperdigados y parciales. Belmaco, al E de la isla, a 12 Km. de la capital, ha atraído desde hace unos dos siglos la atención de curiosos e investigadores. Puede decirse que a lo largo de toda la vertiente E de la isla de La Palma, Belmaco era la sola estación conocida. Hasta hace muy poco podía afirmarse que era la única. En toda esa vertiente abundan los cabocos, y la vegetación, en las cotas convenientes para el establecimiento de una estación con petroglifos, suele ser la misma, iguales o parecidas condiciones climáticas, relieve semejante; es decir, que dándose las mismas circunstancias naturales, las vertientes NO y O ofrecían series de estaciones, mientras que las vertientes NE y E carecían de ellas. De N a S, por la vertiente E —desde Barlavento a Fuencaliente—, son innumerables los cabocos, pero sólo una estación registrada, la de Belmaco (Véase el mapa de la Fig. 6).

Fig. 6. - Mapa de la isla de La Palma, con localidades donde se hallan grabados rupestres.

Con el reciente descubrimiento de un bloque con grabados en la zona de Tigalate Hondo —término de Mazo, dentro del cual está también Belmaco— se añade una estación más al conjunto de estaciones de la isla de La Palma, y por el lugar donde está emplazada enriquece el conocimiento de la vertiente E, tan escasa de yacimientos.

Tigalate Hondo está situado al S de Mazo. Tiene acceso por la pista del Hoyo de Mazo, que hay que abandonar para seguir a píe por un camino de gran desnivel, y que es el que conduce a las proximidades del yacimiento. Este camino queda a la izquierda para tomar unas veredas que cruzan el caserío de Tigalate Hondo. El yacimiento ha sido designado con el nombre de este caserío, ya que asegura mejor su localización.

La carretera pasa a una altura de 500 metros, y el yacimiento se halla a unos 300, un poco más bajo que Belmaco. A pesar de hallarse casi a la misma altura de este último yacimiento, hay un ligero cambio en la vegetación: en Belmaco se hallan, con el pino, arbustos de monte bajo, entre ellos el brezo, mientras que en Tigalate Hondo dominan las especies xerófilas características de las costas insulares, acaso por hallarse situado más al sur. Sin embargo, es buena zona de pastos de otoño e invierno, lo que hace posible la existencia de ganado menor.

Continúa...

LUÍS DIEGO CUSCOY

miércoles, 16 de julio de 2014

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El trigo, uno de los alimentos de los grancanarios precoloniales (II)

Veamos ahora lo que nos refieren antiguos cronistas y algunos investigadores: Niccoloso da Recco, en 1341, en la carta conservada por Boccaccio (14), refiere que los expedicionarios «encontraron excelentes higos secos conservados en cesta de palma, tales como vemos los de Cesene, y además trigo mucho más hermoso que el nuestro, si juzgamos por el tamaño y grueso de sus granos, que eran muy blancos». Boccaccio vuélvenos a decir que «la isla les pareció muy poblada y bien cultivada; produce grano de trigo, frutas y principalmente higos; el grano de trigo lo comen como los pájaros, o bien hacen de él harina, con lo que se alimentan sin amasarlo, y beben agua».

(14) SABIN BERTHELOT: Etnografía de Canarias, 1849, pag. 21.

Gómez Eanes de Azurara, que escribió por orden de Alfonso V de Portugal en el año 1458 su Crónica de la Conquista de Guinea nos afirma que los grancanarios cultivaban el trigo y la cebada, si bien, añade, «no sabiendo amasar el pan, hacían harina que comían con carne y manteca».

Angelino Dulceti escribe en su mapa: «Isidoro dice en su libro XV que se les ha dado el nombre de Afortunadas porque abunda de todo, como trigo, frutas, yerbas y árboles».

Pedro Gómez Escudero (15) consigna en su obra: «... su mantenimiento cebada tostada molida y amasada, su harina llamaban gofio, con leche, caldo y miel silvestre y agua y sal...».

(15) PEDRO GÓMEZ ESCUDERO: Historia de la Conquista de la Gran Canaria, 1484.

Antonio Sedeño manifiesta en su crónica (16): «Contrataban trocando una cosa por otra, como eran frutas de trigo y cebada, habas y ganado».

(16) ANTONIO SEDEÑO: Historia de la Conquista de la Gran Canaria.

Andrés Bernáldez, hablando de Gran Canaria (17), dice de ella que «es tierra de mucho pan, trigo e cebada». Este mismo autor nos refiere de las Islas en general que «sembraban el trigo y cebada con cuernos de cabras metidos en varas, especialmente en Gran Canaria, en lugar de arados, e así volvía la tierra y cubría el grano, e cogían en gran multiplicación de una medida cincuenta e más; no hacían pan, salvo gofio envuelto el grano majado con leche e con la manteca».

(17) ANDRÉS BERNÁLDEZ: Historia de los Reyes Católicos, Cap. LXIV. Año 1513.

Hernando del Pulgar afirma (18) hablando de Canarias: «Aquellas Islas son tierra muy caliente, e fértil de pan».

(18) HERNANDO DEL PULGAR: Crónica de los Reyes Católicos, Cap. LXXVI.

Lope de Gomara refiere (19) que los aborígenes «comian cebada como trigo, que no lo tenían».

(19) LOPE DE GOMARA: Historia General de las Indias, tomo II, Cap. CCXXIII, año 1552.

Gaspar Fructuoso, que floreció en el siglo XVI, nos dice en su manuscrito (20), Libro I, «sembraban cebada y algún trigo, labrando la tierra con cuernos de bueyes... y cabras, y cogían mucho fruto».

(20) GASPAR FRUCTUOSO: Saudades da Terra, Lib. I, publ. con ensayo crítico de Manuel Monteiro Velho Arruda, en Punta Delgada, año 1939, Cap. IX.

Cadamosto (21) afirma que los de Tenerife «cosechan trigo en el mes de marzo y abril».

(21) CADAMOSTO: Della sette isole delle Canarie, e delli lore costumi, año 1553.

Mosén Diego de Valera (22) hablando de la conquista de Gran Canaria dice: «después de entrar en el lugar de Tirajana toman por sorpresa la fortaleza que dizen Titana destruyendo todo el trigo y la cebada de los canarios que allí habían almacenado». El mismo Valera en el (capítulo XXXVII de su citada obra habla de la siembra de pan y del asalto a la fortaleza de Fataga, en donde también «quemaron sus cosechas de trigo y cebada».

(22) DIEGO DE VALERA: Crónica de los Reyes Católicos, Cap. XXXVII. Autor coetáneo de la Conquista, residente en Puerto Santa María. Esta Crónica de alto valor ha sido dada a conocer por el Prof. Dr. Carriazo y por el investigador Emilio Hardisson Pizarroso en Fontes Rerum Canariarumtomo II, publicación del Instituto de Estudios Canarios, año 1934.

El padre Espinosa refiriéndose a la isla de Tenerife (23) consigna que «sólo tenían y sembraban cebada y habas, que trigo, centeno ni otras legumbres no las había en la isla, y si en algún tiempo hubo trigo, perdióse la semilla».

(23) ESPINOSA: Del origen y milagros de Nuestra Señora de la CandelariaLibro I, Cap. VI, pag. 10, año 1594.

Abreu Galindo concretándose a las islas de Lanzarote y Fuerteventura dice (24): «Cógese en estas dos islas mucho trigo, algo moreno y menudo, que trajo Diego de Herrera de Berbería, que llaman morisquillo». Más concretamente, hablando de la isla de La Palma, dice: «Al tiempo que esta isla se conquistó y ganó, no había en ella ni se halló trigo, ni cebada, ni otro grano, ni legumbre». Este mismo autor refiriéndose a Tenerife consigna: «Tenían trigo, el cual cocido con leche lo molían, hacían poleadas con la manteca. Llamaban al trigo irichen».

(24) ABREU GALINDO: Historia de la Conquista de las Islas Canarias. Lib. 3°, Cap. XII, pag. 195, año 1632.

Fray José de Sosa narra en su obra Topografía que «los frutos de la tierra, que heran de trigo, cebada, habas y ganado»... y añade que «su común mantenimiento era el gofio que hacían de cebada y algunas veces de trigo, por no saber cómo se amasaba el pan».

El mismo padre Sosa nos da esta otra afirmación: «El trigo no lo tenían por cosa sana por no saber cómo se hacía el pan y el gofio de él ser muy pesado. Comíanlo en frangollo partido en molinillo de mano. Cocíanlo con leche a manera de arroz y sembraban poco de él» (25).

(25) JOSÉ DE SOSA: Topografía de la Isla Afortunada de Gran Canaria. Lib. III, Cap. II y III, páginas 167 y 177 y 178, año 1678.

Marín de Cubas refiere (26) que «sabían moler a la tahonilla la cebada tostada que es su pan llamado gofio».

(26) MARÍN DE CUBAS: Historia de las Siete Islas de Canaria. Cap. XVIII, año 1687.

Castillo consigna (27): «No tuvieron sementeras de trigo, ni más conocimiento de otras semillas, que de cebada, que en todas era el único pan que usaban en pellas amasado con leche y manteca de cabras, o caldos de las carnes cocidas y con estas pellas que hacían de harina de cebada tostada y molida (en molinillos que tenían de mano, que andaban con un palo o bastoncillo, que andaba al rededor) y llamaban gofio...»

(27) CASTILLO: Descripción Geográfica. Cap. XX, año 1734.

Viera y Clavijo consigna (28): «La cebada tostada y reducida a harina en un molinillo de piedra, puesto en movimiento con la mano por medio de un pequeño hueso de cabra, era el alimento sano y sabroso que llamaban gofio o ahoren». Este mismo autor habla de estos otros alimentos que comían los canarios, tales como cebada «aramotanoque» en Gran Canaria; «tano», en Tenerife y «tamosen», en Fuerteventura y Lanzarote, trigo, habas, yoya o fruta del del mocan, madroños colorados, raíces de turmas, hongos, ñames, higos, vicácaros, dátiles, moras de zarzas, piñas de pino, otras semillas y plantas silvestres, aparte de la miel obtenida del mocan a la que llamaban chacerquén.

(28) VIERA Y CLAVIJO: Historia General de las Islas Canarias, año 1772 a 1783.

Carlos Pizarroso y Belmonte afirma (29) que «los antiguos habitantes de las Canarias no conocían el trigo y sí la cebada y habas».

(29) PIZARROSO BELMONTE: Los aborígenes de Canarias, año 1880.

A través de cuanto hemos consignado vemos cómo los más antiguos visitantes de las Islas y también los más antiguos cronistas de ellas afirman que los canarios y guanches conocieron el cultivo del trigo utilizándolo con más o menos intensidad como alimento, sin ser la cebada y otras semillas. Sólo historiadores más modernos discuten el conocimiento y el cultivo del trigo por parte de los moradores de las Islas, muchas de las veces copiando el uno del otro.

Resumiendo tenemos que niegan en términos absolutos el conocimiento del trigo Gomara, Castillo y Pizarroso; y Espinosa para Tenerife. Frente a ellos están Cadamosto y Abreu Galindo; y en relación con Gran Canaria afirman que sus moradores conocían y utilizaban el trigo como alimento Niccoloso da Recco, Eanez Azurara, Mosén Diego de Valera, Andrés Bernáldez, Fructuoso, Hernando del Pulgar, Sosa, etc.

Como una confirmación de que los aborígenes canarios comían muchas semillas queremos citar aquí lo que el poeta canario de comienzos del siglo dieciséis, Bartolomé Cairasco de Figueroa, nos dice en unos versos del Templo Militante al hablar de las costumbres de los aborígenes:

Siendo los hombres sanos, fuertes, ágiles, que el gofio, los mocanes y bicácaros, las comidas silvestres y marítimas, eran entonces de mayor substancia.

Ante toda esta abundancia de citas y datos contrapuestos surge la prueba indubitable de carácter arqueológico cual es el hallazgo de granos de trigo y cebada, al igual que de mocanes e higos en varias cuevas del barranco de Guayadeque y Cuevas de Acusa, en la isla de Gran Canaria, que se exhiben en El Museo Canario, y, sobre todo, la abundante cantidad de trigo que recogimos en 1945 en el yacimiento de Hoya del Paso, barranco de Guanarteme, término de Las Palmas de Gran Canaria, que por las circunstancias que concurren en el hallazgo, como ya dejamos consignado, constituye la más elocuente y definitiva prueba de que los canarios aborígenes no solo cultivaron la cebada sino el trigo, utilizándolo en su alimentación. Esta prueba irrefutable queda robustecida con el análisis químico de las vísceras del aparato digestivo de una de las momias halladas en las Cuevas de Acusa, término de Artenara, en el año 1933, por el oficial preparador de El Museo Canario Sr. Naranjo Suárez. Este análisis hecho en Madrid a petición del Ilmo. Sr. Comisario General de Excavaciones Arqueológicas, Prof. Dr. Martínez Santa-Olalla y a base de fragmentos de esas vísceras, dió por resultado, como al principio se deja dicho, que los canarios comían por lo menos hasta doce semillas distintas.

Citas también eruditas en relación con el trigo y la cebada nos las dan el Prof. Dr. Elías Serra Ráfols (30) y el Prof. Dr. Álvarez Delgado (31), en notables trabajos de cada uno de ellos.

(30) ELÍAS SERRA RÁFOLS: Los árabes y las Canarias prehispánicas, Revista de Historia XV, 1949, La Laguna de Tenerife, ps. 161-177.

(31) JUAN ÁLVAREZ DELGADO: Sobre la alimentación indígena de Canarias. El gofio. Notas lingüísticas, en Homenaje a Julio Martínez Santa-Olallavol. I, año 1946.

El también investigador canario Prof. Dr. José Peraza de Ayala, en su obra Las antiguas ordenanzas de la isla de Tenerife recopiladas en 1670 por Núñez de la Peña y publicadas en 1935 con anotaciones suyas, hace constar que seis años después de rendida la isla de Tenerife, a 28 de Julio de 1502, se hace figurar en una ordenanza lo que sigue: «que ninguna persona pueda sacar trigo de la Isla ni cebada, bajo pena de perderlo y el maestre que en su navío lo cargare pierda el navío e más 5.000 maravedís...» (32).

32 JOSÉ PERAZA DE AYALA: Las antiguas ordenanzas de la isla de TenerifeLa Laguna de Tenerife, año 1935.

Cuanto hemos venido aclarando y rectificando nos lleva a la firme creencia, hoy día más robustecida, que tenemos que rectificar numerosos errores y falsas afirmaciones de antiguos cronistas e historiadores, los que las más de las veces llevados de su potente fantasía, o bien copiándose el uno del otro, sentaban como ciertos falsos datos.

En el nuevo quehacer en la investigación histórica hay que rectificar muchas cosas teniendo por base los nuevos descubrimientos y estudios de yacimientos arqueológicos que nos aportan pruebas documentales de primera mano muy valiosas para el esclarecimiento de la etnografía canaria aborigen; los descubrimientos de nuevos documentos escritos y el estudio sistematizado comparativo de voces canarias precoloniales y guanches, así como los numerosos topónimos aborígenes en los que a pesar de sus deformaciones fonéticas y gráficas pervive aún el vocablo de los primitivos habitantes de las Canarias.

Nota editorial: Para obtener todo el valor del notable dato suministrado por JIMÉNEZ SÁNCHEZ, convendría, todavía, determinar, por estudio de especialistas, la variedad del trigo de Hoya del Paso, como mostró MARTÍNEZ SANTA-OLALLA en Cereales y Plantas de la cultura ibero-sahariana en Almizaraque, «Cuadernos de Historia Primitiva», 1, Madrid, 1946, ps. 35-45. Igual estudio debe hacerse con las otras muestras de granos de El Museo Canario, aunque su procedencia sea menos precisa. —E. S.



SEBASTIÁN JIMÉNEZ SÁNCHEZ

martes, 15 de julio de 2014

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El trigo, uno de los alimentos de los grancanarios precoloniales (I)

En el tomo XI de las publicaciones de la Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas (1), de que soy autor, se recogen las Memorias de las excavaciones que hemos dirigido en la isla de Gran Canaria, desde 1942 a 1944, por especial designación ministerial a propuesta del Ilmo. Sr. Comisario General. En su página 145 y siguientes se habla del importante yacimiento de Hoya del Paso y se recoge en su texto el muy valorativo hallazgo de abundantes granos de trigo dentro de una olla típicamente grancanaria precolonial, material éste que se cita en la relación bastante extensa de objetos, etc. encontrados en esa localidad del Barranco de Guanarteme o de Tamaraceite, en los confines del lugar del Rincón y al pie casi de la Estación de Transradio. Dice así: «Gran cantidad de granos de trigo ennegrecidos, bien porque fueron tostados o por la acción del tiempo. Estos granos aparecieron junto con cenizas y tierra vegetal dentro de media olla de color negro, sumamente tiznada. Estos granos y olla fueron recogidos dentro de una especie de cocina, una de las tres que aparecieron en el yacimiento».

(1) SEBASTIÁN JI.MÉNEZ SÁNCHEZ: Memoria de las excavaciones arqueológicas en la isla de Gran Canaria, del Plan Nacional de 1942-43 y 1944. Publicaciones de la Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas, XI, Madrid, 1946.

Hoy queremos destacar la importancia del hallazgo de estos granos de trigo ante las afirmaciones en pro y en contra de la existencia de este cereal como alimento de los canarios en general y en particular de los grancanarios precoloniales. Nuestro hallazgo prueba elocuente e irrefutablemente la existencia del cultivo del trigo en Gran Canaria y por lo tanto su utilización como alimento. Con ello queda dilucidada una cuestión sumamente debatida.

Este hallazgo, como ya se dice en la Memoria citada anteriormente, tuvo lugar en las ruinas de un poblado aborigen grancanario constituido por casas de planta cruciforme al interior y oval al exterior, de técnica ciclópea, y necrópolis, monumentos éstos reconocidos de manera indubitable como de los aborígenes.

En la remoción de las tierras se puso al descubierto entonces, año de 1944, abundante material cerámico neolítico, de tipología variada, incluso pintaderas; exponentes notables de la industria lítica como morteros, molinos de mano, hachas, bruñidores, etc.; lapas, restos humanos, etc. Todas estas circunstancias y hallazgos prueban asimismo que se trata de un auténtico poblado de primitivos canarios. Por eso el hallazgo de abundantes granos de trigo dentro de una vasija típicamente aborigen es una demostración definitiva de que el isleño grancanario precolonial no sólo cultivó el trigo sino que lo utilizó en sus comidas, bien como harina más o menos perfecta o como rollón en sus viandas de leche, manteca o miel.

A este respecto curioso es recordar hechos en orden a la situación cultural del pueblo canario aborigen en general y lo que algunos y más importantes cronistas e investigadores han dicho, afirmando unos que los canarios conocían el trigo, en tanto otros lo negaban.

Los primeros pobladores de las Canarias podemos situarlos en el neolítico pleno. A ellos siguieron migraciones camíticas del Sáhara que trajeron consigo cerámica semejante a la egipcia, pintaderas, ídolos, agricultura primitiva, matriarcado y otros elementos culturales norteafricanos y mediterráneos, cuya cronología la hacemos llegar al año 3000 antes de Jesucristo. A estos camitas sucedieron los protoguanches, gente de la cultura de las cuevas, venidos también del Norte de África, alrededor del año 2500 antes de Jesucristo. De la fusión de estas dos culturas salió el pueblo guanche y el canario-guanche, que fué el que en cantidad mayoritaria se encontró en las Islas Canarias al iniciarse la conquista.

Las Canarias se arabizaron luego, como se arabizó el Sáhara Occidental o Atlántico por efecto de vecindad. A las Canarias llegó la influencia de Oriente y Asia Menor, de Egipto y Libia... No olvidemos la agricultura de los faraones y los pasajes bíblicos de la época, especialmente el de José, hijo de Jacob. No olvidemos asimismo las antiguas y reiteradas oleadas de pueblos africanos llegados a las Canarias, las relaciones de canarios y guanches precoloniales con los moradores del vecino continente africano y europeo antes del siglo XIV y en este propio siglo. En 1342 cautivos canarios llegaban a Berbería, y a Cataluña en 1352 conducidos por Arnau Roger, como afirma Ibn Jaldúm (2), hechos éstos que nos llevan a admitir la tesis de que si los canarios por ese entonces, cosa imposible, no conocían el trigo, estas relaciones pudiéronles llevar a poseer y a utilizar tan importante cereal, motivo por el que a comienzos del siguiente siglo y a fines del mismo, en ocasión de las exploraciones y conquistas de Juan de Béthencourt y Pedro de Vera, respectivamente, ya hay certeza plena de que los habitantes de las Islas Canarias conocían el trigo. Pero no olvidemos tampoco que Diego de Herrera, señor de Fuerteventura, hizo traer de Berbería, resultado de sus entradas a tierras de moros, una especie de trigo pequeño que por él fué llamado «trigo morisquillo». Todo esto acontecía siglo y medio casi y medio siglo, respectivamente, antes que Gran Canaria fuera conquistada, evangelizada e incorporada a la corona de Castilla. Ese contacto marítimo de canarios y guanches con diversos pueblos mediterráneos y en especial con pueblos bereberes arabizados nos lleva a la conclusión de admitir que esos invasores pudieron aportar el conocimiento del trigo, mejorando así la incipiente agricultura de los aborígenes, y por lo tanto, su simple economía de una marcada base pastoril representada en poblados montaraces organizados cantonalmente, con autoridad patriarcal decisiva. Algunos de los grabados de tipología naviforme que hemos visto en las masas rocosas del barranco del Valle de Balos, dadas a conocer por el Dr. Hernández Benítez (D. Pedro) en la revista «El Museo Canario» (3) y por mí, pueden ser las representaciones de algunos de esos arcaicos navíos mediterráneos que en épocas remotas llegaron a las costas de Gran Canaria trayendo a bordo elementos raciales portadores de otras culturas. No olvidemos que los canarios se acercaban nadando a las naves que llegaban a sus playas. Esto nos lo refieren diversos autores, entre ellos Niccoloso da Recco, recogidos por Chil y Naranjo en sus Estudios Históricos..., tomo I, paginas 259 a 267. Acercamiento lógico y natural por quienes de tarde en tarde solían ver llegar a sus costas a esta clase de navíos, unas veces en plan de paz para obtener intercambios de productos, y otras, las más, en plan de piratería. Lo que decimos de esos interesantísimos grabados naviformes podemos decir también de ciertas inscripciones del mentado Valle de Balos tenidas por númidas por los eruditos en esta clase de estudios.

(2) IBN JALDÚM: Al Muqadima, ed. Quatremère.

(3) PEDRO HERNÁNDEZ BENÍTEZ: Inscripciones y grabados rupestres del Barranco de Balos, en la revista «EI Museo Canario», Nº. 15, año 1945.

No cabe duda que estos pueblos invasores venidos del vecino continente africano trajeron consigo el conocimiento del trigo al igual que trajeron otros varios exponentes de la cultura material y espiritual. Si admitimos la influencia culturológica de los pueblos del continente africano, ¿por qué no hemos de admitir definitivamente la traída del trigo por esos mismos elementos?

El gran desgaste que observamos en los molares de muchos de los cráneos aborígenes, aun de mediana edad, ¿no será debido a esa trituración forzada del rollón —gofio imperfecto— obtenido tanto del trigo como de otros cereales al ser éstos macerados en morteros y molinos de mano?

Hace media docena de años remitimos al ilustre Profesor Dr. Julio Martínez Santa Olalla, Comisario General de Excavaciones Arqueológicas, para su examen, varios fragmentos de las vísceras del aparato digestivo de la momia encontrada en una de las Cuevas de Acusa, en el término municipal de Artenara, que se exhibe en la Sala Nº. 1, Verneau, vitrina central, números V y VI de El Museo Canario de Las Palmas de Gran Canaria. Entregados posteriormente dichos fragmentos de vísceras a un laboratorio especializado en esta clase de investigaciones, dictaminó entonces que los canarios precoloniales comían hasta doce clases de semillas distintas, entre ellas el trigo.

La abundancia de silos o graneros en Gran Canaria, como son los interesantísimos del Agadir de Valerón (4), Isleta (5), El Draguillo (6), Barranco de Silva (7), El Pósito de Temisa (8), Cuevas de Pilares de Cuatro Puertas (9), Fuente del Sao (10), La Montañeta de Moya (11), Anzofé (12), Tara (13), etc., que hemos descubierto, explorado y estudiado, y los otros numerosos silos más o menos alterados por usos recientes existentes en las localidades de San Lorenzo, Teror, Santa Brígida, Gáldar, Arucas, Valsequillo, Tirajanas, Artenara, Tejeda, Agüimes, Valleseco... de muchos de los cuales como los de Teror y Santa Brígida hablan las ordenanzas de la isla de Gran Canaria redactadas por el licenciado Melgarejo, y los numerosos silos y topónimos de la isla de Tenerife, que figuran consignados en las ordenanzas de Tenerife, publicadas por el investigador Dr. Peraza de Ayala, constituyen elocuentes piezas documentales probatorias de que la población primitiva de las Islas Canarias conoció el trigo, la cebada y otros cereales, que utilizaban en su alimentación.

(4) SEBASTIÁN JIMÉNEZ SÁNCHEZ: Memoria de las Excavaciones Arqueológicas en la isla de Gran Canaria, del Plan Nacional de 1942, 1943 y 1944. Publicaciones de la Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas, Madrid, año 1946.

(5) Ídem, ídem.

(6) Ídem, ídem.

(7) Ídem, ídem.

(8) Ídem, ídem.

(9) SEBASTIÁN JIMÉNEZ SÁNCHEZ: Vestigios arqueológicos. Cuevas y Tagoro de Cuatro Puertas. En «Revista de Historia», VII, 1942, ps. 30 y ss.

(10) SEBASTIÁN JIMÉNEZ SÁNCHEZ: El yacimiento de Fuente del Sao. Las Palmas de Gran Canaria, año 1952.

(11) SEBASTIÁN JIMÉNEZ SÁNCHEZ: El yacimiento de la Montañeta de Moya. En «Revista de Historia», XVI, La Laguna de Tenerife 1950, ps. 22-38.

(12) SEBASTIÁN JIMÉNEZ SÁNCHEZ: Memoria de las Excavaciones Arqueológicas en la isla de Gran Canaria, del Plan Nacional de 1942, 1943 y 1944. Publicaciones de la Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas, Madrid, año 1946.

(13) Ídem, ídem.

Granos de Trigo hallados dentro de una vasija indígena en Hoya del Paso, Gran Canaria

El extraordinario hallazgo de morteros y molinos de mano, pero principalmente de estos últimos, con variedad tipológica, justifica la presencia de una agricultura modesta e incipiente y la recolección de semillas como la de cebada y trigo.

Continúa...

SEBASTIÁN JIMÉNEZ SÁNCHEZ

lunes, 14 de julio de 2014


LA ESTACIÓN RUPESTRE DE LOS SALTOS (LA RESTINGA, EL HIERRO) (V)

7. INSCRIPCIONES LÍBICO-BEREBERES, LÍNEAS Y SIGNOS SEGÚN SU DISTRIBUCIÓN ESPACIAL EN LOS DISTINTOS SECTORES

1/1: una línea vertical de 6 formas escriturarias
1/2: una línea vertical de 7 formas escriturarias
1/7: una línea vertical de 2 formas escriturarias
3/1: una línea vertical de 3 formas escriturarias
4/1: una línea horizontal de 3 formas escriturarias


Si sumamos las formas, llegamos a un número total de 21: de ellas, 18 se encuentran en líneas verticales y 3 en la única línea horizontal del yacimiento. En relación a los signos, es decir, descontando las formas que se repiten en varias ocasiones, el cómputo es el siguiente.

En líneas verticales:



En líneas horizontales:




El cómputo total se eleva de este modo a 11 signos alfabéticos diferentes en líneas verticales, ninguno de ellos es ajeno a los caracteres líbico-bereberes conocidos.

Sólo se ha registrado una línea horizontal, de 3 caracteres, todos ellos igualmente pertenecientes a la escritura líbico-bereber. La dirección mayoritaria en las islas es la vertical, aunque sí se conocen algunas horizontales, por lo que esta disposición ya ha sido registrada en ocasiones anteriores.

Al haber sido recopilados los signos escriturarios del Archipiélago Canario hace ya tiempo, se conocen los alfabetos empleados en las distintas islas, habiendo sido contrastados con los del Norte de Africa y Sáhara, lo que en su día permitió establecer su pertenencia a dicha escritura. Esta circunstancia, la de estar familiarizados con los orígenes de nuestra grafía, se ha convertido de este modo en referente obligatorio a la hora de estudiar las normas inherentes a su empleo, el de una escritura consonántica, en la que las vocales sólo se representan excepcionalmente, por lo general al final de las palabras. Una norma común en todas las modalidades de esta escritura es la rotación de algunos caracteres en dependencia a la dirección de la línea, hecho de gran importancia teniendo en cuenta la libertad existente para elegir la sucesión de los caracteres. En consecuencia, la diferencia entre dos caracteres opuestos por una rotación de 90º suele ser la de dos fonemas diferentes. Por el contrario, la rotación de 180º suele destinarse en mucho mayor grado para indicar el sentido de la lectura, aunque en ciertos alfabetos existen determinados caracteres en los que esta oposición puede implicar la presencia de dos fonemas distintos.

8. EL YACIMIENTO Y SU CONTEXTO ARQUEOLÓGICO

La localización de la estación en la vertiente suroriental de la isla la contextualiza en la zona de mayor riqueza arqueológica de todo el territorio herreño, lo que muestra que aquí se concentró una parte importante de su primitivo poblamiento. En este sector meridional se distinguen dos zonas desde el punto de vista geológico, edáfico y paleoambiental y, en consecuencia, también desde el punto de vista arqueológico: de un lado la vertiente Suroeste, que está integrada por costas acantiladas y amplias zonas que configuran un paisaje de acusado desnivel y óptimas condiciones edáficas en buena parte de esta; y, de otro, la Punta Sur o de la Restinga, en la que esta diversidad se materializa en el territorio en dos zonas bien diferenciadas. En la costa, desde donde arranca una suave relieve, entre 0-15% de desnivel, caracterizada por litosuelos donde crece una vegetación propia de un malpaís, como ya ha sido indicado. Y, por encima de los 100 m.s.n.m., donde los estudios paleobotánicas señalan que sobre estos malpaíses costeros se extendía un piso de transición, que hoy ha perdido su entidad geográfica, que estaba integrado por un sabinar asociado a un sotobosque irreconocible en la actualidad, que en las cotas superiores entraba en contacto con el pinar (figura 1 B). Estas circunstancias orográficas determinan que la vía natural de acceso desde la Meseta Central hasta la costa, discurra desde San Andrés hasta El Pinar, y desde aquí hasta La Restinga; o siguiendo caminos transversales que, desde la zona media o la costa, parten de esta ruta principal y se prolonga hasta el extremo suroriental. Este ambiente ya desaparecido creemos explica la importante presencia humana que existió durante la etapa prehistórica en esta zona (Jiménez Gómez, M.C. 2002: 101-104). Las referidas condiciones ambientales señalan la práctica de un movimiento pendular de la población entre la costa y el interior relacionados con el pastoreo y aprovechamiento de los recursos marinos, siendo la zona costera un lugar transitado temporalmente.

Los resultados obtenidos en las prospecciones de campo realizadas en un radio de 3 km en torno a la estación no aportaron una información significativa que permitiera conocer el contexto arqueológico en el que se pueda inscribir y/o posibilitar su valoración cultural de manera más amplia. Su ubicación en la zona costera de un malpaís le sitúa en un territorio antaño destinado al pastoreo, la pesca y marisqueo, prácticas de las que hemos registrado numerosas evidencias en los concheros próximos tanto en la playa como un poco más hacia el interior. Debido a estos usos, en este sector no existen vestigios de hábitat permanente o cualquier otro aspecto de la cultura aborigen, siendo imposible abordar cualquier tipo de hipótesis para explicar las razones que condujeron a la elección de este lugar para plasmar los mensajes contenidos en los grabados que, indudablemente, jugaron un papel activo en la vida cotidiana de la población. Es posible que su posición en el extremo más meridional de la isla, en una de las costas de mayor accesibilidad al mar y su posición respecto al curso solar, pudieran haber sido algunas de las razones que explican su existencia.

9. LA ESTACIÓN DE LOS SALTOS EN EL CONTEXTO RUPESTRE INSULAR

Plantear la correlación de esta estación con el resto de las estaciones rupestres de la isla no es tarea fácil en el nivel de estudio en el que se encuentra esta manifestación de la cultura aborigen. Como ya se dijo, hasta el momento no se ha llevado a cabo un estudio que aborde un análisis específico de cada una de las categorías de grabados, por lo que tampoco existe una clasificación que permita establecer con precisión sus características a nivel insular. Al respecto, sólo se cuenta con un trabajo en el que se estudian los diferentes contextos arqueológicos de las estaciones rupestres de la isla (Jiménez Gómez, M.C. 1996) y otros específicos donde se aborda su adscripción al paleoambiente que les rodeaba (Jiménez Gómez, M.C. 2001, 2002 a y b). Por esta razón las relaciones que podemos indicar en este momento distan de ser exhaustivas; por lo que sólo nos centramos en determinados motivos y en el mayor % de recurrencias que hemos podido localizar.

Es evidente que la constatación de reiteraciones de los signos geométricos, figurativos e híbridos permiten hacer planteamientos desde una óptica diferente a la usada tradicionalmente ya que estas recurrencias muestran que se trata de signos que forma parte de un sistema común que están dotados de un valor simbólico y que su uso estaba generalizado entre todos los habitantes de la isla. Esto no descarta, tampoco, el valor de aquellos otros que son escasos y que poseen formas que frecuentemente pertenecen a la categoría de figurativos; por el contrario, estimamos que su localización añade un matiz singular al significado cultural de la estación que los posee.

Por último, creemos que no existe la menor duda que éstos comparten el mismo ambiente cultural y cronológico con los motivos e inscripciones alfabéticos, casi siempre asociados en un mismo panel o estación y ejecutados con una misma técnica.

Por determinadas características del yacimiento —su ubicación, técnica empleada, motivos utilizados—, podemos concluir que éste no aporta rasgos específicos que lo diferencien de otras estaciones insulares: Barranco de Tejeleita, La Candia, Barranco de las Chivas, La Caleta, El Letime, Hoyo de los Muertos, y el Julan.

Revisado el corpus general de grabados, sin que nos detengamos en describir motivos y conjuntos que se repiten, la primera conclusión es el estrecho parentesco que existe entre Los Saltos y la estación de Los Letreros (en el Julan), ubicada en la misma vertiente de la isla y a escasa distancia, como ya se adelantó al tratar sobre las anteriores categorías de grabados.

En cuanto a la ejecución de paneles sobre una corriente volcánica, también es el caso de El Julan, que es a su vez el más cercano geográficamente. Estos dos yacimientos han mostrado una estrecha vinculación en más de un elemento, entre los que debemos destacar los motivos empleados, las inscripciones alfabéticas líbicobereberes, de las que se ha documentado igualmente un buen número en El Julan, siendo lo más sorprendente que la línea del sector 1/1 de Los Saltos sea absolutamente idéntica en todos sus caracteres con otra allí presente.

Por lo demás, la comparación que podemos establecer entre las inscripciones recopiladas en el yacimiento de la Restinga con las restantes estaciones herreñas se basan necesariamente en el último (y también hasta ahora único) corpus establecido (Springer: 1994), actualmente pendiente de actualización y revisión. Para comenzar, debemos advertir que el número de inscripciones de Los Saltos es muy reducido (cinco líneas en total, de las cuales tres son de corta dimensión, con lo cual el total de signos no supera el número de 11), lo que condiciona que los caracteres recopilados constituyen sólo una parte en relación al alfabeto empleado en la isla. Según estimaciones más prudentes, deben existir al menos otros 12 caracteres que no se encuentran en las inscripciones de Los Saltos, todos ellos presentes en otros yacimientos herreños.

BIBLIOGRAFÍA

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María de la Cruz Jiménez Gómez,
Renata Ana Springer Bunk,
María Teresa Ruiz González,
Sixto Sánchez Perera